La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha divulgado una actualización de sus perspectivas económicas. La entidad ha mejorado su pronóstico de crecimiento para las economías de la región en 2025, subiendo la cifra al 2.4% haciendo que el alza se vea mejor por dos “puntos” (un 0.2%) de lo que se esperaba en agosto.
Esta es la tercera ocasión consecutiva en que la CEPAL ajusta sus proyecciones de crecimiento durante el año, lo cual es indicativo de un panorama externo ligeramente más favorable de lo que se había anticipado en meses anteriores.
Esta mejora se debe a varios motivos, sin embargo, la CEPAL subraya que no significa que haya un cambio importante y duradero en cómo funciona la economía de la región.
Dentro de los factores positivos y modificaciones externas se encuentra un entorno global menos adverso que tiene motivo principal la mejora debido a que la situación económica del mundo ha subido más de lo esperado. Cuando las economías más grandes están más estables y resisten mejor, esto ayuda un poco a que compren más productos de Latinoamérica. También destacan los ajustes comerciales clave donde la CEPAL notó cambios en el comercio global, causados principalmente por los nuevos impuestos que puso Estados Unidos. Las negociaciones que vinieron después y los ajustes que hicieron las empresas para seguir vendiendo han logrado que el golpe de esas medidas no haya sido tan duro como se temía.
A pesar de la mejora numérica, el organismo emite una clara advertencia. La CEPAL hace énfasis en que esta revisión no modifica el diagnóstico de fondo que son el impulso externo al crecimiento se ha desacelerado y ya no puede ser el motor principal de la expansión. Además, la región continúa expandiéndose a un ritmo considerado bajo, sin lograr abordar los desafíos sociales y de desigualdad.
Esta baja velocidad de crecimiento se refleja en la previsión para el año 2026, la cual se mantiene en un modesto 2.3%, lo que sugiere que las condiciones que limitan una expansión más dinámica seguirán vigentes en el mediano plazo.
Las cifras para 2025 muestran una clara heterogeneidad entre las economías latinoamericanas. El mayor dinamismo económico se observará en Venezuela (6.0%), impulsada por factores de recuperación específicos; Paraguay (4.5%), con una base sólida en el sector agroexportador; y Argentina (4.3%), beneficiándose de correcciones cíclicas.
Con un crecimiento moderado se encuentran varias de las mayores economías y países clave del Pacífico. Perú (3.2%) y Ecuador (3.0%) proyectan un crecimiento por encima del promedio regional. Les siguen Brasil (2.5%) y Colombia (2.5%), cuya expansión es consistente con las tendencias de sus grandes mercados internos.
En la parte baja de la tabla, con un crecimiento muy limitado, se ubican Bolivia (1.0%) y México (0.6%), un crecimiento particularmente bajo para una economía de su tamaño. En contraste, las únicas economías que proyectan una contracción son Cuba (-1.5%) y Haití (-2.3%), reflejo de crisis políticas y estructurales profundas.
La CEPAL subraya una consecuencia crítica de este bajo rendimiento. De concretarse estas proyecciones, el crecimiento promedio del Producto Interno Bruto (PIB) regional durante el periodo 2017–2026 se consolidaría en un bajo 1.6% anual. Este promedio es insuficiente para generar el empleo y la riqueza necesarios para superar el subdesarrollo.
Es imperativa una transformación productiva acelerada. Esta transformación no es solo un cambio de política, sino una reingeniería en la forma en que los países generan valor. El objetivo de esta reestructuración es multifacético. Para impulsar un mayor crecimiento se debe buscar fuentes de expansión más allá de las materias primas. Al invertir en tecnología y capital humano para ser más eficientes se aumenta la productividad. Para diversificar las economías se debe reducir la dependencia de unos pocos productos exportables y ampliar la base industrial y de servicios. Finalmente, el generar empleos de calidad asegura que el crecimiento económico se traduzca en puestos de trabajo estables, bien remunerados y con protección social.
En conclusión, si bien el año 2025 ofrece una cifra ligeramente mejor, el informe de la CEPAL es, ante todo, un llamado a la acción estratégica. La región debe implementar cambios estructurales profundos para garantizar un desarrollo más rápido, equitativo y sostenible en el largo plazo.