Marruecos ha emprendido una ambiciosa transformación de su fisonomía logística mediante la aceleración de dos proyectos portuarios de gran calado: Nador West Med y Dakhla Atlantique. Esta estrategia no solo busca ampliar la capacidad de carga del país, sino consolidar su posición como el eslabón imprescindible en el comercio entre Asia y Europa, aprovechando su ubicación privilegiada cerca del Estrecho de Gibraltar. El plan marroquí trasciende lo meramente marítimo, integrando de forma sistémica la infraestructura portuaria con polos industriales masivos y una robusta agenda de transición energética basada en el gas natural y el hidrógeno verde.
Ubicado en la costa norte y con una apertura prevista para el segundo semestre de 2026, Nador West Med nace con la misión de replicar y complementar el éxito de Tánger Med. Este complejo no se limita a la gestión de contenedores; su diseño está intrínsecamente ligado a la seguridad energética. Albergará la primera terminal de gas natural licuado (GNL) del país, utilizando una unidad flotante de almacenamiento y regasificación (FSRU).
Desde el punto de vista industrial, el proyecto es masivo. Se han destinado inicialmente 800 hectáreas para actividades productivas, con una proyección de expansión que podría alcanzar las 5.000 hectáreas. Esta escala busca atraer industrias que añadan valor a las mercancías en tránsito, convirtiendo al puerto en un nodo de redistribución para el sur de Europa y el norte de África, optimizando los tiempos y costes en una de las rutas más congestionadas del mundo.
En la costa atlántica, el puerto de Dakhla representa la apuesta más estratégica hacia el África subsahariana y el Sahel. Con una inversión de aproximadamente 1.000 millones de dólares y un calado excepcional de 23 metros —el mayor del país—, este puerto está diseñado para recibir los buques más grandes del mundo. Su inauguración, proyectada para 2028, pretende conectar los recursos del interior africano con los mercados globales.
Sin embargo, el proyecto en Dakhla no está exento de complejidad, ya que se sitúa en el Sahara Occidental. Esto añade una capa de relevancia geopolítica que refuerza la presencia administrativa y económica de Marruecos en la zona. El puerto contará con el apoyo de plantas de desalinización de agua para sustentar un entorno agrícola e industrial, facilitando el procesamiento de materias primas antes de su exportación.
Un hilo conductor une a ambos puertos y al futuro proyecto en Tan-Tan: el hidrógeno verde. Marruecos se está posicionando como un exportador líder de energías limpias hacia Europa. Al integrar terminales especializadas para estos nuevos vectores energéticos, el país deja de ser un simple lugar de paso para convertirse en un centro de suministro esencial. Los puertos ya no son solo puertas de entrada, sino plataformas logísticas que gestionan el flujo de los combustibles del futuro.
La estrategia marroquí es clara: diversificar el riesgo operativo y multiplicar los puntos de influencia. Al no depender exclusivamente de Tánger Med, Marruecos crea un sistema de “dos mares” que le permite competir con los grandes puertos europeos del Mediterráneo y, simultáneamente, dominar la fachada atlántica africana. Esta combinación de calado profundo, grandes superficies industriales y conectividad energética sitúa al Reino en una posición de ventaja competitiva para capturar las nuevas dinámicas del comercio global y los flujos de inversión minera e industrial del continente africano.
Fuente: Noticias Marítimas