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Gravámenes portuarios de EE. UU. llevarían a líneas navieras chinas a redirigir buques a rutas alternativas

La Administración estadounidense realizó una modificación sustancial a su propuesta inicial de aplicar gravámenes portuarios a los buques construidos y operados por China que arriban a puertos en Estados Unidos. Esta medida, anunciada de manera oficial el pasado 17 de abril por la Oficina del Representante Comercial de EE. UU., tiene consecuencias directas sobre la planificación operativa de las principales líneas navieras chinas, así como también sobre la estrategia de otros actores internacionales que emplean buques fabricados en astilleros chinos.

En su versión final, la normativa determina que los nuevos gravámenes se aplicarán por tonelaje neto por itinerario a EE. UU., en lugar de hacerlo por cada puerto de recalada, como se había planteado originalmente. Este cambio representa una respuesta a las numerosas críticas recibidas por parte de la industria marítima, que advertía sobre los riesgos de congestión portuaria, aumento de costos logísticos y una posible disrupción en las cadenas de suministro globales. Aunque el nuevo enfoque suaviza ciertas preocupaciones, mantiene un alto grado de incertidumbre operativa para las navieras afectadas, según explicó la firma de análisis Xeneta.

Afectación directa a líneas navieras chinas

Entre las compañías más afectadas se encuentra Cosco Shipping, junto a su filial OOCL, cuyos buques no solo son operados por China, sino que también fueron construidos en astilleros del país asiático. Lars Jensen, analista del sector naviero, señaló que estas embarcaciones podrían llegar a enfrentar tasas por encima de los 8 millones de dólares por recalada, ya que la nueva versión de la propuesta no contempla un límite máximo de cobro, a diferencia del esquema anterior que fijaba un tope de 1 millón por buque.

Esta presión económica podría inducir a Cosco y otras navieras chinas a reducir significativamente sus recaladas directas en Estados Unidos o a redirigir sus operaciones hacia rutas alternativas. Una de las primeras afectaciones visibles podría darse en Ocean Alliance, que tendría que reorganizar su capacidad operativa para minimizar la exposición a los nuevos tributos.

Implicancias para buques construidos en China, operados por terceros

El impacto no se limita únicamente a navieras chinas. Las compañías navieras internacionales que operan buques construidos en China también serán sujetas a las nuevas tasas. Jensen advierte que estas unidades podrían enfrentar gravámenes de hasta 4 millones de dólares por recalada, dependiendo del tonelaje y la capacidad de cada buque.

Esto podría generar una reorganización global de las flotas, donde operadores europeos y asiáticos prefieran temporalmente naves construidas fuera de China para rutas hacia Estados Unidos. Como consecuencia, otras rutas podrían experimentar distorsiones logísticas, debido a la redistribución forzosa de activos.

Reducción de recaladas y reorganización de rutas

Una consecuencia directa de esta política sería la reducción en el número de recaladas en puertos estadounidenses. Aunque el nuevo esquema no penaliza cada puerto de forma individual, el impacto económico acumulado sigue siendo alto. Las líneas navieras podrían optar por concentrar la carga en puertos hub del Caribe, desde donde se enviaría la mercancía vía transbordo a Estados Unidos.

La norma también exime a buques menores de 4.000 TEUs y rutas de menos de 2.000 millas náuticas, lo cual incentivará el uso de embarcaciones más pequeñas, especialmente en servicios entre América del Sur, el Caribe y la costa este estadounidense.

Ajustes en la estructura global de flotas

Durante los 180 días previos a la entrada en vigencia de la normativa, las navieras disponen de un margen temporal para reconfigurar sus flotas. Se espera que algunas alianzas suspendan temporalmente el uso de buques chinos en rutas a EE. UU., redirigiéndolos hacia regiones con menores costos fiscales.

La medida también fomenta el uso de buques construidos en EE. UU., particularmente para sectores como el transporte de vehículos y el emergente mercado de gas natural licuado (GNL). Sin embargo, la limitada capacidad de la industria naval estadounidense impone desafíos significativos para cubrir la demanda.

Perspectiva de largo plazo

Aunque la revisión del esquema original elimina algunas de las aristas más disruptivas, el fondo de la política busca desincentivar el uso de buques construidos en China. Esto podría reconfigurar permanentemente el patrón de recaladas en América del Norte y acelerar la fragmentación de las redes logísticas globales en función del origen de los activos navales.

Así, esta medida representa más que un simple cambio fiscal: constituye una intervención estructural en el comercio marítimo internacional con implicaciones a largo plazo.

Fuente: Mundo Marítimo