Desde el 7 de agosto de 2025 entró en vigencia el nuevo arancel del 15 % impuesto por Estados Unidos a los productos ecuatorianos, lo que ha generado una fuerte preocupación en el sector exportador nacional. Esta medida se aplica en medio de un contexto de negociaciones aún abiertas entre ambos países, pero con un impacto inmediato sobre la competitividad de Ecuador en su principal mercado no petrolero. Aunque el país ya enfrentaba desde abril un arancel del 10 %, el nuevo incremento refleja una presión directa sobre las exportaciones, especialmente en productos tradicionales como banano, camarón, cacao y flores, así como en rubros no tradicionales como brócoli, mango, vegetales procesados y otros.
El hecho de que los aranceles ya estén en vigencia marca una diferencia clave respecto a las semanas previas. Ahora no se trata de una amenaza o advertencia, sino de una realidad que afecta los costos de exportación, reduce márgenes de ganancia y pone en riesgo la estabilidad de miles de empleos en el país. Ecuador envía semanalmente cerca de 97 millones de dólares en productos no petroleros a Estados Unidos, por lo que el efecto de este aumento no es menor. Empresas grandes, medianas y pequeñas están siendo impactadas directamente por este cambio, que además de económico es político y estratégico.
La entrada en vigencia de los nuevos aranceles también agudiza la urgencia de avanzar en un acuerdo comercial con Estados Unidos. Ecuador es uno de los pocos países de la región que no cuenta con un tratado de libre comercio con su principal socio comercial, lo que lo deja en una posición desventajosa frente a competidores directos como Colombia y Perú, cuyos productos sí ingresan con preferencias arancelarias. Esta desigualdad ahora se vuelve más evidente, y las consecuencias empiezan a sentirse con más fuerza.
Desde el sector exportador se ha señalado que esta medida pone en jaque a más de 2 000 empresas ecuatorianas que dependen de ese mercado, y que representa una amenaza directa a más de 300 000 empleos que están vinculados a actividades de exportación. El aumento de los aranceles hace que muchos productos ecuatorianos se encarezcan, perdiendo atractivo frente a otras ofertas del mercado estadounidense. Las exportaciones no solo se desaceleran, sino que pueden incluso detenerse en algunos sectores sensibles si no se toman medidas rápidas.
Autoridades nacionales han afirmado que las negociaciones continúan, y que el hecho de que los aranceles hayan entrado en vigencia no significa que no puedan revertirse. Sin embargo, los tiempos juegan en contra, ya que cada semana con este nuevo arancel activo representa pérdidas importantes para el sector productivo. El Ministerio de Producción ha reiterado que Ecuador se mantiene en la mesa de negociación y que se están explorando mecanismos técnicos y diplomáticos para mitigar el efecto de esta medida lo antes posible.
La implementación de estos aranceles también genera un clima de incertidumbre. Las empresas exportadoras no pueden planificar adecuadamente cuando no tienen claridad sobre las condiciones arancelarias que afectarán sus ventas. Esto frena inversiones, detiene contrataciones y pone en pausa proyectos de crecimiento. La falta de un marco comercial estable con Estados Unidos se vuelve aún más costosa ahora que la medida es efectiva.
En definitiva, la entrada en vigencia del arancel del 15 % marca un antes y un después para el comercio entre Ecuador y Estados Unidos. No solo afecta a las exportaciones actuales, sino que también limita el potencial futuro de crecimiento para sectores clave de la economía nacional. La única salida clara es acelerar un acuerdo comercial que le devuelva a Ecuador condiciones justas y sostenibles para competir en igualdad de condiciones en el mercado estadounidense. Mientras tanto, los aranceles ya están activos, y el tiempo apremia para actuar.