A partir de octubre de 2025, Ecuador prohíbe durante seis años la exportación de cangrejos en todas sus formas: vivos, frescos, refrigerados, congelados o preparados. Esta medida fue aprobada por el Comité de Comercio Exterior (Comex) mediante la resolución N.º 013-2025, con el objetivo de preservar las poblaciones naturales del crustáceo y garantizar su disponibilidad para el consumo interno.
La decisión surge tras varios informes técnicos que alertaron sobre una disminución en el tamaño promedio de los cangrejos capturados y una reducción significativa en su abundancia, lo que evidencia una presión excesiva sobre el recurso. En los últimos años, el número de ejemplares disponibles en los manglares ecuatorianos ha disminuido notablemente, lo que encendió las alarmas entre autoridades ambientales y pescadores artesanales que dependen de esta actividad para su sustento.
Durante 2024, las exportaciones de cangrejos generaron alrededor de 875 mil dólares, mientras que entre enero y agosto de 2025 apenas se registraron 349 mil dólares. Esta cifra representa una participación mínima dentro del total de exportaciones no petroleras del país, por lo que el impacto económico de la medida se considera reducido frente al beneficio ambiental que podría generar.
El ministro de Producción, Comercio Exterior e Inversiones, Luis Alberto Jaramillo, explicó que la prohibición se basa en estudios técnicos que advierten un riesgo biológico si no se toman medidas inmediatas. Según el funcionario, de no aplicarse la restricción, Ecuador podría enfrentarse a una veda más prolongada que afectaría de manera severa tanto al ecosistema como a las comunidades que dependen de la captura de cangrejos para subsistir.
Otro aspecto que motivó la decisión fue el uso de métodos de captura inadecuados. En algunos sectores, los recolectores emplean trampas o redes que dañan a los cangrejos juveniles o a las hembras que se encuentran en proceso de reproducción, generando una alta mortalidad y reduciendo las posibilidades de regeneración natural. La normativa no solo detiene la exportación, sino que también busca fomentar prácticas sostenibles de recolección y fortalecer el control sobre las zonas de manglar donde se desarrolla esta actividad.
Desde el Viceministerio de Acuacultura y Pesca se señaló que eliminar la exportación de cangrejos no afectará de manera significativa los ingresos del comercio exterior, pero sí permitirá fortalecer la conservación de los ecosistemas costeros y de las especies que habitan en ellos. Las autoridades prevén que el consumo interno de cangrejos se mantenga estable, beneficiando especialmente a los mercados locales, a los pequeños comerciantes y a los restaurantes dedicados a su venta, sobre todo en la región costera.
Además, el Gobierno espera que la medida incentive la implementación de programas de manejo sostenible, repoblación y educación ambiental entre las comunidades dedicadas a esta actividad. La meta principal es asegurar que, al finalizar el periodo de seis años, las poblaciones de cangrejos se hayan recuperado y puedan ser aprovechadas de manera responsable. También se busca mejorar el control en los puntos de captura y transporte, para evitar el comercio ilegal que podría surgir a raíz de la restricción y garantizar que las normas de conservación se cumplan con rigor.
Ambientalistas y expertos en recursos marinos han respaldado la disposición, argumentando que la conservación del cangrejo rojo y del cangrejo azul es fundamental para mantener el equilibrio ecológico de los manglares ecuatorianos. Estos ecosistemas no solo albergan a los cangrejos, sino también a una amplia diversidad de especies que dependen de ellos para sobrevivir. La reducción de sus poblaciones afecta a toda la cadena trófica y pone en riesgo la estabilidad de los manglares, considerados uno de los pulmones naturales más importantes del país.
La prohibición de exportar cangrejos también se alinea con las políticas de sostenibilidad y conservación impulsadas por el Estado ecuatoriano en los últimos años, que buscan equilibrar la actividad económica con la protección ambiental. Aunque la medida representa un desafío temporal para ciertos sectores exportadores, es vista como una inversión a largo plazo en la recuperación de los recursos naturales, la protección del ecosistema costero y la sostenibilidad de las comunidades que dependen directamente de los cangrejos.