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Proyección 2026: Financiamiento internacional y crecimiento económico marcan la agenda nacional

El panorama económico nacional atraviesa un punto de inflexión decisivo al comenzar el año 2026. Desde el Ministerio de Economía y Finanzas, se ha puesto en marcha una operación de arquitectura financiera que busca posicionar nuevamente al Estado como un actor confiable en el escenario internacional. Esta iniciativa es histórica: representa la primera emisión de bonos soberanos que el país intenta colocar en los mercados globales desde el año 2019, marcando el fin de un ciclo donde la dependencia de los préstamos bilaterales y organismos multilaterales era la única vía de oxígeno fiscal.

El cimiento técnico que sostiene esta maniobra es la drástica mejora en la percepción de solvencia. El riesgo país, termómetro que mide la confianza de los inversores en la capacidad de pago de una nación, se situó recientemente en 485 puntos. Para comprender la magnitud de este avance, es imperativo contrastarlo con los datos de hace dos años: en enero de 2024, este indicador superaba los 1.540 puntos.

Esta reducción de más de mil puntos es el resultado directo de una política de disciplina fiscal y control del gasto público. La respuesta de los mercados no se ha hecho esperar; incluso antes de que la delegación oficial iniciara sus presentaciones formales, ya se han registrado ofertas de financiamiento que las autoridades consideran “altamente competitivas”. El objetivo es claro: capitalizar esta confianza para obtener liquidez en condiciones que no comprometan el futuro de las siguientes generaciones.

Para asegurar el éxito de la colocación, se ha diseñado una hoja de ruta estratégica que abarca los centros financieros más influyentes. Desde el lunes 19 de enero, la delegación ministerial inició una serie de encuentros clave con pasos por Londres con el inicio de las negociaciones en la capital financiera de Europa para captar fondos institucionales. Pasando por Davos manteniendo participación en el Foro Económico Mundial, un espacio vital para alinear la visión económica del país con las corrientes de inversión global y sostenibilidad, y finalmente en Nueva York y Boston con el cierre de la gira en el corazón del mercado de valores estadounidense, donde se concentra la mayor capacidad de compra de deuda soberana.

El cronograma culmina el 26 de enero de 2026, fecha en la que se revelarán los detalles finales de la operación: el monto total emitido, los plazos de vencimiento y, lo más importante, el costo financiero. Se ha adelantado que la meta es obtener una tasa de interés de un solo dígito, un logro que reflejaría la solidez macroeconómica alcanzada.

Es crucial distinguir que esta operación no se clasifica como una reestructuración de deuda, sino como un manejo de pasivos o reperfilamiento estratégico. El país enfrenta compromisos inmediatos este mes por cerca de 900 millones de dólares, correspondientes a obligaciones internas y externas. La nueva emisión permitirá gestionar estos vencimientos con mayor holgura, evitando presiones innecesarias sobre la reserva de liquidez.

El beneficio social de esta operación es directo: al optimizar el servicio de la deuda, se libera espacio en el Presupuesto General del Estado. Estos recursos sobrantes no se destinarán a gasto corriente, sino que se inyectarán directamente en la obra pública. Este enfoque busca dinamizar la infraestructura nacional, un motor esencial para la competitividad y la creación de empleo.

La salud financiera se respalda con indicadores de crecimiento positivos. Tras cerrar 2025 con una expansión del 4% del PIB, la previsión técnica para 2026 se sitúa inicialmente en el 2,2%, con una tendencia al alza según los reportes más recientes. Con una deuda pública total que representa el 47,1% del Producto Interno Bruto, el país se encuentra en una posición manejable comparada con otros países de la región. El reto actual es utilizar el nuevo financiamiento para potenciar sectores estratégicos y asegurar que el retorno a los mercados sea el inicio de un periodo de prosperidad sostenida y responsabilidad fiscal.

Fuente: Forbes Ecuador