El panorama económico de Ecuador se encuentra ante un punto de inflexión histórico. El 23 de marzo de 2026, el Ministerio de Producción, Comercio Exterior e Inversiones oficializó un acuerdo de cooperación con el Growth Lab de la Universidad de Harvard, Estados Unidos. Esta colaboración científica y técnica tiene como norte fundamental el diseño de una hoja de ruta que permita a nuestro país romper con su histórica dependencia de productos primarios y dar un salto cualitativo hacia la sofisticación industrial.
Históricamente, la economía ecuatoriana ha operado bajo una estructura de baja complejidad. Según el análisis del propio Ministerio, el país enfrenta un desafío crítico: su canasta exportadora está excesivamente concentrada en bienes primarios. Si bien productos como el petróleo, el banano y el camarón son pilares de la economía, estos carecen de los procesos de transformación industrial necesarios para generar un valor agregado significativo que impulse el crecimiento a largo plazo.
Esta limitación estructural no solo frena la generación de empleo cualificado, sino que vuelve a la nación vulnerable ante las fluctuaciones de los precios internacionales de las materias primas. El proyecto con Harvard surge, precisamente, como una respuesta técnica a la necesidad urgente de diversificar el tejido productivo y encontrar nuevos nichos de mercado global.
La intervención será liderada por el reconocido economista venezolano Ricardo Hausmann, quien funge como director del Growth Lab y es profesor de Economía Política Internacional en Harvard. Hausmann es una figura de renombre global, famoso por sus teorías sobre la “complejidad económica”, que sugieren que el crecimiento de un país depende de la cantidad de conocimiento productivo o know-how que es capaz de acumular y combinar.
El proyecto se extenderá durante tres años, un periodo en el cual el equipo de investigación trabajará en la creación de una Estrategia de Desarrollo Productivo y Política de Competitividad. El enfoque no será genérico, sino que se basará en evidencia empírica a través del análisis de datos masivos sobre flujos comerciales y capacidades locales. Enfoque territorial reconociendo que las oportunidades en la Sierra son distintas a las de la Costa o la Amazonía. Por último, identificación de barreras, logrando localizar con precisión qué restricciones institucionales, regulatorias o de infraestructura impiden que el capital fluya hacia sectores más innovadores.
Una característica distintiva de este proceso es su naturaleza inclusiva. No se trata de un documento teórico redactado en una oficina de Cambridge, Massachusetts, sino de un esfuerzo participativo. La cartera de Producción ha subrayado que se realizarán encuentros con actores públicos y privados, gremios empresariales, la academia nacional y autoridades locales en todo el territorio ecuatoriano.
Para que esta visión se materialice, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) jugará un rol fundamental. A través de un convenio de cooperación técnica no reembolsable, la CAF proporcionará el respaldo financiero necesario para que la investigación y el acompañamiento técnico se ejecuten sin comprometer recursos fiscales directos en una magnitud insostenible, garantizando así la viabilidad del proyecto.
El fin último es que Ecuador no solo exporte más, sino que exporte “mejor”. Al identificar las capacidades existentes, el Growth Lab ayudará a definir políticas públicas que reduzcan la fricción para la inversión extranjera y nacional. Se busca una transformación que permita insertar productos ecuatorianos de alta tecnología o procesados en los mercados más exigentes del mundo.
Con la coordinación de distintas instituciones del Estado, se espera que este plan siente las bases de un crecimiento económico sostenible. La meta es pasar de una economía extractivista a una basada en el conocimiento y la innovación, asegurando que el país sea competitivo en la economía global del siglo XXI.
Fuente: Diario Expreso